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Colegios Mayores y Residencias Universitarias: quo vadis?

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José Luis Muzquiz Moracho
Director de los CCMM Pedro Cerbuna y Santa Isabel en Zaragoza. Universidad de Zaragoza.
Presidente de la AECMRU desde mayo de 2007 a abril de 2011.

Ángel García Fernández
Director de la RU Bartolomé Cossío en Cuenca desde 1988 a 2014. Universidad de Castilla La Mancha (JCCM).
Presidente de la AECMU desde abril de 2011 a febrero de 2014.

Aunque la denominación de los Colegios Mayores no ha variado a lo largo de los siglos, sí lo han hecho sus características, ya que mientras que los primitivos fueron constituidos como casas de caridad para estudiantes pobres aplicados, con los años sus plazas fueron ocupadas por los hijos de familias nobles y acomodadas; hoy, los Colegios y Residencias Universitarias mantienen algunas de sus características tradicionales, si bien, los de dependencia pública, tienen un acceso universalizado a cualquier estudiante universitario, independientemente de su sexo, creencia, e, incluso, condición económica. Esta función de los Colegios Mayores y Residencias Universitarias conforman el servicio de alojamiento universitario.

 Contexto histórico y evolución


El origen de los Colegios Mayores Universitarios (CCMM), se inicia con el cardenal Gil de Albornoz, exiliado de España a causa de las luchas intestinas del reinado de Pedro I de Castilla, que fundó en 1364 el Real Colegio Mayor de San Clemente de Bolonia, también llamado “de los Españoles”; colegio que hoy en día sigue funcionando bajo la dirección de un Real Patronato, con una oferta anual de becas a brillantes universitarios españoles para la realización de estudios de doctorado manteniendo las instrucciones testamentarias del fundador.


El primero de los Colegios Mayores españoles, el de San Bartolomé en Salamanca, fue fundado en 1401 y llegó a formar seis cardenales, ochenta y cuatro arzobispos y obispos, nueve virreyes, dieciocho embajadores y doce capitanes generales. El balance de colegiales ilustres del Colegio Mayor del Arzobispo, el más importante de Salamanca, lo que equivalía a decir de España, arrojó en 1768 el saldo positivo de dieciocho varones señalados en virtud y santidad; un cardenal; un patriarca; diez arzobispos; cincuenta y un obispos; cinco abades benditos; dos inquisidores generales; tres prelados…


Los fundadores (o en su defecto los delegados que ellos nombraron) les adjudicaron unas rentas y regularon su forma de organización, mediante el establecimiento de la autoridad de sendos cuerpos constitucionales. La autogestión política, jurisdiccional y económica que legalmente les garantizaban las respectivas constituciones, daban a los colegiales la posibilidad y la obligación de adiestrarse en el ejercicio del mando y de la obediencia, pues prescribían el establecimiento de diversos oficios de responsabilidad a regentar por los colegiales, todos ellos rotatorios y temporales. Esta norma fundamental que era la constitución, fue matizada y completada con el tiempo mediante la publicación de estatutos.


Que los Colegios Mayores fueron un elemento de gran importancia lo ponen de manifiesto las palabras de la reina Isabel La Católica, que afirmó refiriéndose a la labor de éstos: "Preparo los hombres, los selecciono cuidadosamente y después me fío bravamente de ellos." (También podría decirse de los actuales colegiales y residentes).


Sobre cómo se realizaba la admisión, el arzobispo Lorenzana, tras visitar uno de estos Colegios Mayores, dijo al respecto: "Bien se hicieron cargo los fundadores que cuando llamaron con preferencia a los pobres fue no a los hijos de mendigos, ni a los hijos de bajo nacimiento, ni a los de infectas castas, ni ensuciados con oficios viles, sino a los pobres nobles y honrados, pues cabe ser pobre un hijo tercero de un grande de España, por no tener mayorazgo, ni renta correspondiente a su calidad."


Por lo que conocemos, en los CCMM no se admitía ningún estudiante procedente de raza judía, sarraceno o converso. Los colegiales tenían que acreditar ser hijos de legítimo matrimonio, descendientes de cristianos viejos y limpios, que gozasen de buena fama y costumbres y que no hubiesen sido condenados ni penitenciados. Todo este riguroso proceso de admisión se fue atemperando poco a poco hasta que dos siglos más tarde, en tiempos de Carlos III, llegó a ser sustituido por una información sumaria de cinco testigos. Con el paso del tiempo, en todos los CCMM ha ido evolucionando el proceso de selección.


El auge de los Colegios Mayores se corresponde exactamente con lo que se denomina Siglo de Oro en España , la expansión del imperialismo español en ultramar y más allá de los Pirineos aumentó la demanda de hombres capacitados que sólo los Colegios Mayores y las universidades podían satisfacer.


Francisco Pérez Bayer, catedrático de la Universidad de Salamanca, escribió un memorial a Carlos III titulado "Por la libertad de la literatura española" y un "Diario histórico de la reforma de los Colegios", al examinar la situación de la enseñanza pública en España, pone de manifiesto la influencia de la Compañía de Jesús en los Colegios Mayores y el hecho evidente de que el aparato burocrático del Estado español estaba en manos de hombres educados en los Colegios Mayores. Hoy, la Compañía de Jesús sigue regentando algunos CCMM en diversos Campus españoles.


La supresión de los Colegios Mayores, ocurrida en el reinado de Carlos IV, poco tiempo después de la supresión de la Compañía de Jesús, tuvo como causa inmediata las rencillas entre diversos cuerpos sociales del antiguo régimen. La burguesía, fuerza social ascendente, intentó en España, aunque en un grado menos virulento que en Europa, reformar los Colegios, revitalizarlos y arrancar de ellos el control de la Iglesia. Disuelta la Compañía de Jesús, los Colegios Mayores fueron suprimidos. En España la burguesía nunca pudo escapar al poder feudalizante de la Iglesia.


El vacío que dejaron tras su disolución, en 1798, fue incluso apercibido por Carlos IV, que después de su supresión se quejó de que Castilla ya no proporcionaba hombres para las Audiencias, para los virreinatos, para cargos administrativos y para la milicia.


En la edad de plata de la ciencia española, la Institución Libre de Enseñanza aporto aire fresco a la educación superior e influyó durante años en la enseñanza media y superior de España hasta reconducir la política educativa durante la segunda República española. Tras la victoria de la "cruzada" de Franco se intentó borrar toda huella ideológica de las organizaciones políticas de la clase obrera y de la burguesía.


La no existencia de Colegios Mayores a mediados del siglo XIX agudizó el problema de la formación de una élite dirigente en España y obligó a crear las becas estatales de apoyo al estudio. En este sentido, se ha interpretado la fundación de la Residencia de Estudiantes en 1910, como uno de los antecedentes de los Colegios Mayores contemporáneos. Fue creada por un decreto del Ministerio de Instrucción Pública y la Junta para Ampliación de Estudios, bajo la dirección de Alberto Jiménez Fraud, discípulo de Giner de los Ríos, el fundador y director de la Institución Libre de Enseñanza; fue un centro de modernización científica y educativa entre 1910 y 1939. Efectivamente su instauración responde plenamente al espíritu y a la letra de aquella tradición escolar.


De hecho, según reconocía Jiménez Fraud, “lo rigurosamente apremiante era formar una clase directora, consciente, leal e informada”. Esta fundación buscaba formar una clase “elitista”, igual cometido que los Colegios Mayores clásicos anteriores (o los franquistas, posteriores) según el contexto social de cada época. Las palabras de Jiménez Fraud fueron repetidas por otros, en diferentes momentos y ocasiones.


Podrá observarse que hasta estos momentos, cuando se habla de colegiales, la referencia hay que hacerla únicamente respecto a los hombres, la mujer no tenía presencia. En 1915, siguiendo el modelo en muchos aspectos de la Residencia de Estudiantes, se creó la Residencia de Señoritas, con el objetivo de fomentar la incorporación de la mujer al mundo universitario. Acabada la guerra civil, la dictadura realizó las correspondientes depuraciones y transformó la Residencia de Señoritas en el Colegio Mayor Santa Teresa de Jesús, que hoy pervive en la Complutense; no hace falta decir que esa transformación anulaba todo lo que supuso su creación.


Con el inicio de la dictadura de Franco, las actividades de la Residencia de Estudiantes terminaron abruptamente, y buena parte de sus residentes y profesores (así como su director Alberto Jiménez Fraud) se vieron forzados a exiliarse al extranjero o a mantener silencio en un exilio interior. Paradójicamente, la dictadura franquista potenciaría el ideal de la Residencia (totalmente adaptado a su contexto y objetivos patrios), que no era otro que el ideal de los antiguos Colegios Mayores. La restauración de la institución colegial mayor en España se hizo sobre la base del Movimiento Nacional. Se ordenó la confirmación de los Colegios Mayores y Residencias existentes y se crearon otros muchos en las respectivas ciudades universitarias, con la intención de contribuir al ejercicio de la labor educativa y formativa de la universidad, intentando volver a la tradición de los Colegios Mayores de Isabel la Católica y el Siglo de Oro, la dictadura franquista publicó en el Boletín oficial del Estado, del 1 de octubre de 1942, un decreto por el que se organizaban nuevamente los Colegios Mayores universitarios.


Martín Sánchez-Juliá, de la Asociación Católica Nacional de Propagandistas, refiriéndose al Colegio Mayor San Pablo señalaba que: "el fin del Colegio es formar una minoría selecta de hombres con capacidad de dirección mientras sean estudiantes, y en acción fecundísima después, cuando sean hombres maduros y dirigentes de la sociedad en que viven. Pero (y esto es muy característico nuestro) una minoría que tenga profundo y agudo sentido de la justicia y del bien común en su vocación para las distintas funciones de la vida pública. No queremos sólo formar intelectuales fríos y herméticos, egocéntricos, ancestrales, encerrados en su torre de marfil y despreocupados del bien del pueblo que los ha elegido y rodea".


Cabe mencionar la gran carga ideológica e instrumental, acorde con el oficialismo imperante, que se estableció entre los colegios mayores masculinos y femeninos. Los primeros, ya se ha dicho, tenían entre sus objetivos la formación de futuras élites que se hiciesen responsables de los diversos sectores sociales, desde la política, hasta la economía, pasando por otras instituciones como la Universidad; por el contrario, los femeninos, aun formando “señoritas universitarias”, éstas estaban llamadas a la consagración de la tradicional familia.

Situación actual


La transición política a la democracia mantuvo las estructuras de los Colegios Mayores de la dictadura franquista y evolucionó hacia una diversificación y secularización político-religiosa. La ampliación y nueva creación de campus universitarios hizo que el alojamiento universitario creciese de manera exponencial y junto a la denominación de colegio mayor, surgió el nuevo concepto de residencia universitaria.


Cuando la dependencia institucional ha sido pública, estas dos denominaciones eran coincidentes y tenían como objetivo la oferta de algo más que cubrir las necesidades básicas de los estudiantes desplazados de su lugar de residencia (alojamiento y manutención), se perseguía el fomento de espacios compartidos donde la formación integral de la persona fuese estímulo permanente con la convivencia diversa de ciudadanos diferentes en su pensamiento, sus gustos y aficiones, formas de ser, etc.; el individuo forjaba al grupo y éste conformaba al individuo. De nuevo, aparece el espíritu insuflado por la Residencia, formar personas libres y cultas.


Claro que la dependencia privada no tenía los mismos objetivos; muchos colegios mayores entraron en decadencia y la visión puramente economicista impuso modelos de residencias universitarias cuyo único fin era el alojamiento, modelo que también fue avanzando considerablemente dentro de las instituciones públicas; en la práctica, la oferta pasaba a ser meramente hostelera, donde además los servicios se ofertan en muchas ocasiones a la carta, perdiendo esa transversalidad que se buscaba con el fomento de la convivencia, coadyuvando a la formación integral del estudiante en su educación como persona que forma parte de una comunidad.


La adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES) y a los campus de excelencia internacional obliga a replantearse con seriedad y rapidez el papel de los Colegios Mayores y Residencias Universitarias en las universidades europeas del siglo XXI, dentro del conocido como Plan Bolonia.


Con la fuerte crisis económica de nuestro país la situación del alojamiento universitario público en todo el Estado Español se ha agravado considerablemente, independientemente de la institución a la que estuviese adscrito, pero ¿cómo se están adaptando los CCMM a la nueva situación española y europea?


En este punto se adelantan algunas ideas que en un próximo artículo se desarrollarán más en profundidad, pero hoy cabe señalar algunas de los que más preocupan. Quienes vivimos el día a día de los CCMM, sabemos que quizás hoy más que nunca el desarrollo de las famosas competencias transversales, cooperación, liderazgo, etc., que de forma tan reiterada recomienda Bolonia, es en los CCMM donde más palmariamente se pueden alcanzar, ya que es aquí donde los colegiales viven y conviven y donde más fácilmente se pueden potenciar estas competencias, así como las habilidades sociales.


Pero la realidad es tozuda, los Colegios más antiguos no han podido encontrar financiación para poder modernizar y actualizar sus instalaciones que mayoritariamente datan de los años 50-60 del pasado siglo y que necesitan realizar reformas para poder superar el estado cuasi-lamentable que presentan. El resto de instalaciones, sean de nueva estructura o reformadas, en la mayoría de los casos han sucumbido a la doctrina imperante de “colaboración y gestión público-privada”.


Por otro lado, señalar que en la mayoría de las ocasiones las universidades y otras instituciones públicas, no saben muy bien cómo afrontar el tema de los CCMM y Residencias Universitarias, piensan que son lugares que hay que mantener pero muchas veces desconocen cuál es el verdadero trabajo que se realiza y el que podría desarrollarse en un futuro próximo, razón por la cual las universidades no se preocupan de incluir acciones de mejora en sus presupuestos y si a esto añadimos que los CCMM también son conscientes de la situación de crisis económica que atravesamos, estamos ante una tormenta perfecta; a veces, el remedio es fácil y simple, traspasar el servicio de alojamiento universitario a la iniciativa privada y desatenderse de él, teniendo así (solo en teoría) un problema menos.


Como consecuencia de esta desafección de las instituciones públicas (universidad, gobiernos regionales, etc.) por sus CCMM y Residencias han comenzado a proliferar en los campus universitarios un nuevo concepto de CM/Residencia que lógicamente es de capital privado, que ha derivado y mucho más en los últimos años en la aparición de empresas de “fondos buitres” que han tomado el timón en estos proyectos transformando el concepto de CM en otra cosa que está entre el piso de estudiantes y un “zulo voluntario universitario”. Se utiliza el término de zulo universitario porque se trata de dar cobijo a un estudiante en un lugar reducido, mejor dicho, muy reducido donde nunca podrá estar acompañado por otro “colegial o residente” y que además se encontrará que en esa habitación también tendrá que estudiar y comer lo que se cocina y abonar aparte de la cuota mensual, cualquier consumo de luz, limpieza, servicio extra, etc., todo en un edificio donde los espacios comunes habitualmente no existen.


Ante esto, nos preguntamos, las competencias transversales y habilidades sociales ¿dónde las adquieren?, suponemos que en el mismo lugar donde satisfagan su necesidad cultural. No olviden nunca que en esta tendencia neoliberal del alojamiento universitario hasta el comedor común desaparece, suponemos que para evitar los peligros de la comunicación.


Estamos asistiendo al cambio más importante de los CCMM, pasando de vivir en un espacio de libertad responsable a vivir en un medio prácticamente hostil (no olvidar las influencias ambientales en la persona) para lo que hoy consideramos necesario en un estudiante universitario. Cabe imaginar cual puede ser la vida de un estudiante universitario, que hubiera vivido una vida plena en competencias en un CM o Residencia de fundación propia de la universidad u otra institución pública, con la que tendrá que vivir en esa universidad exprés que nos están anunciando.


Para finalizar, resulta oportuna una última pregunta ¿preferimos un listado de estudiantes ilustres en nuestros CCMM como se señala al comienzo de estas líneas o quizás, solo a unos pocos nos preocupa la formación de ciudadanos comprometidos con la sociedad? En definitiva, la Universidad ¿debe facilitar sólo un título habilitante para una profesión? o ¿debe formar jóvenes competentes y ciudadanos comprometidos? Esto último, es lo que debe ser referente para el mantenimiento del servicio de alojamiento universitario público, independientemente de la forma de gestión.